El cuidado de la salud vocal es uno de los grandes olvidados en la prevención; sin embargo, más de un tercio de los trabajadores necesita la voz como herramienta
El Día Mundial de la Voz se celebra cada 16 de abril para concienciar sobre la importancia de la salud vocal, la prevención de enfermedades de las cuerdas vocales y el cuidado de este instrumento, que también es una herramienta laboral. Desde USO, nos queremos sumar a esta celebración para que nadie pierda su voz en el desempeño de sus labores.
Desde la RLPT, el primer paso para defender la salud y la seguridad de compañeras y compañeros es desterrar la idea de la normalización de la disfonía, ya que el impacto del sobreesfuerzo vocal va más allá de lo físico: puede generar una discapacidad laboral con profundas secuelas emocionales y sociales. La voz es una herramienta de trabajo y, como tal, su degradación está sometida a condiciones laborales y debe estar asegurada por una acción preventiva eficaz y dinámica.
Técnicamente, la voz es un fenómeno fisiológico complejo. Es el sonido resultante de la vibración de las cuerdas vocales al aproximarse por el paso del aire expulsado desde los pulmones a través de la laringe. Este proceso requiere de una coordinación perfecta entre el sistema respiratorio (soporte aéreo), el aparato fonador (vibración) y las cavidades de resonancia (amplificación y timbre).
La voz: un instrumento de trabajo
En nuestra sociedad, casi un tercio de la población laboral es usuaria profesional de la voz. Los sectores más expuestos son, por excelencia, el personal docente, pero sin perder de vista el telemarketing, el personal sanitario, los locutores y presentadores, actores y cantantes. No obstante, no debemos olvidar colectivos “invisibles” en este aspecto, pero igualmente vulnerables como el personal de atención al público, comerciales, abogados, policías o monitores deportivos, quienes, a menudo, deben proyectar la voz en entornos acústicamente hostiles. Un 30 % de estas personas refiere episodios disfónicos vinculados a su actividad.
A efectos prácticos, las cifras oficiales son solo la punta del iceberg, ya que estudios técnicos revelan un infrarreconocimiento, donde solo el 11 % de los nódulos por sobresfuerzo (y apenas un 13 % en el sector docente) constan como enfermedad profesional. Esta infranotificación deriva a los servicios públicos de salud en lugar de a las mutuas gran parte de los casos, dificultando planes de salud específicos y ocultando un sesgo de género desproporcionado. Las mujeres representan el 87,5 % de los casos de nódulos comunicados. Una evaluación de riesgos que ignore esta perspectiva de género es técnicamente deficiente.
Impacto sobre la salud
La sintomatología, que suele iniciarse con fatiga, carraspeo o sequedad, puede evolucionar de una alteración funcional a patologías orgánicas crónicas si no se interviene a tiempo. Bajo el Art. 25 de la LPRL, la empresa tiene la obligación legal de identificar a las personas especialmente sensibles y realizar una detección precoz de lesiones como nódulos, pólipos, úlceras de contacto o el edema de Reinke. Son afecciones que el 75 % de los especialistas vinculan directamente al ejercicio profesional de la voz.
En este sentido, debemos denunciar la insuficiencia del Real Decreto 1299/2006, que actualmente solo reconoce los “nódulos de las cuerdas vocales” como enfermedad profesional, dejando en la invisibilidad jurídica a los pólipos o edemas. Ante esta rigidez normativa, nuestra acción debe centrarse en la exigencia de la determinación de contingencia como accidente de trabajo cuando el origen sea laboral. No podemos permitir que se sigan derivando a la sanidad pública lesiones provocadas por un uso mantenido de la voz en el trabajo.
Factores de riesgo para la voz
Debemos vigilar y fiscalizar las evaluaciones de riesgos que pongan el foco en factores individuales (que pueden serlo, pero en menor medida), ya que los riesgos reales son ambientales y organizativos:
- Ambientales: el ruido de fondo que obliga al trabajador a forzar el volumen (efecto Lombard); la sequedad ambiental por aire acondicionado o calefacción (la humedad relativa debe estar entre el 30 % y 70 %); las corrientes de aire, el polvo acumulado y la mala acústica de los locales (reverberación).
- Organizativos: jornadas de fonación ininterrumpidas de más de 4 horas, ausencia de pausas reglamentadas (se recomiendan descansos de, al menos, 5 minutos por cada hora o 30 minutos tras 2 horas de uso intenso), sobrecarga de tareas y niveles altos de estrés que tensan la musculatura cervical.
- Individuales: falta de formación en técnica vocal o de respiración; hábitos tóxicos, como el tabaco o el alcohol; e hidratación insuficiente (se recomienda beber 1,5 litros de agua al día en pequeños sorbos).
Medidas preventivas para cuidar la voz
La prevención debe ser colectiva (Art. 15 LPRL) antes que individual. Por ello, la empresa debe garantizar:
- Acondicionamiento físico: aislamiento acústico, sistemas de climatización con mantenimiento preventivo de filtros para evitar polvo y control estricto de la temperatura y humedad.
- Medios técnicos: instalación de amplificadores de sonido en espacios ruidosos o grandes, pizarras digitales para evitar el polvo de tiza y acceso fácil a fuentes de agua potable.
- Organización del trabajo: planificación de pausas de descanso vocal, rotación de tareas para evitar el uso continuado de la voz y reducción de la ratio de alumnos o clientes por puesto.
- Higiene vocal: formación específica en técnicas de respiración diafragmática, calentamiento vocal antes de la jornada y enfriamiento al finalizar. Además, concienciación sobre no hablar durante esfuerzos físicos o en ambientes ruidosos.
El papel de la RLPT en salud vocal
La labor de vigilancia de la RLPT es incesante y debe ser implacable:
- No aceptar nunca una evaluación que ignore el sobreesfuerzo vocal si es un riesgo. Debe incluir mediciones de ruido ambiental, tiempos de reverberación y carga vocal real (horas de habla efectiva).
- Los reconocimientos médicos no pueden ser genéricos y deben incluir protocolos de exploración del aparato fonador y contar con cuestionarios de síntomas para detectar precozmente disfonías funcionales antes de que haya lesión.
- Hay que informar a los trabajadores de que los nódulos son una enfermedad profesional y vigilar que la mutua asuma el coste del diagnóstico y del tratamiento rehabilitador. Si la mutua deniega la relación laboral en casos de pólipos o edemas, debemos asesorar para iniciar el trámite de “determinación de contingencias” ante el INSS.
- Reivindica que los problemas de voz se traten como un problema de organización del trabajo y no como una “mala costumbre” del trabajador. Exige la implantación inmediata de medios de amplificación y zonas de descanso vocal.
En resumen, la voz se cuida acondicionando el entorno y organizando el trabajo, no solo con caramelos de menta; que, por cierto, son contraproducentes al resecar la mucosa vocal.

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